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Enseñanzas para la prensa

Autor : Hernán Cabrera 2010/05/19

En septiembre de 2008 en mi condición de dirigente sindical de la prensa estuvimos en Cuatro Cañadas. Nos acompañó la Defensora del Pueblo, Sonia Soto. Fuimos a rescatar a cuatro camarógrafos que fueron retenidos. En el lugar nos rodearon alrededor de 200 campesinos, con palos, machetes, cohetes y una bronca contenida. Todos ellos alertaban y nos gritaban que en cualquier momento iban a tomar represalias contra tres redes televisivas de Santa Cruz, porque no les daban espacios, y si tenían cobertura era tergiversada. “Muera Unitel, Red Uno y PAT y ustedes deberían hacer algo”, eran los gritos fuertes y desesperados de estos ciudadanos.



Les expresamos esta situación a algunos encargados de las redes mencionadas para que tomen sus previsiones y fundamentalmente el consejo, sugerencia y la observación de que el periodismo no es un instrumento para hacer política ni para denigrar, insultar, calificar o destruir a sectores, instituciones, personas y valores, y que también el periodismo implica pluralismo, es decir, que tengan espacios las múltiples y diversas voces que son parte de este complejo y pluricultural país y sus regiones.



Esas mismas expresiones la volvimos a escuchar y conocer el pasado viernes 16 y sábado 17 de este mes, a raíz de un enfrentamiento entre policías y supuestos loteadores en el Km 9, doble vía La Guardia. Ahí la gente sí estaba molesta y advirtieron que en caso de ver un equipo de prensa de la Red Unitel y la Red UNO iban a proceder con violencia, quizás golpeando al periodista, al camarógrafo y al chofer, además de destruir sus instrumentos de trabajo. Eso lo comprobamos en La Guardia, donde nos hicimos presentes para sentar una denuncia contra miembros de la unidad especializada, UTOP por agresiones a un camarógrafo de la Full Tv. Los periodistas de ambas redes se deshicieron de sus conos o identificativos para poder realizar sus trabajos, de lo contrario, correrían algunos riesgos graves. Incluso un grupo de ellos se puso delante de varios compañeros de la Federación de la Prensa, que llevaban chalecos y gorras, por seguridad. Notamos en los rostros de los periodistas angustia y temor.



Con la responsabilidad y madurez que debe caracterizar al hombre y mujer de la prensa, pero también al empresario y director de un medio de comunicación, estos hechos tienen que dejar algunas enseñanzas y reflexiones, que no tienen que pasar desapercibidas, sino asimiladas y corregidas en caso de que se cometan errores. A este paso, no se puede seguir trabajando de esta manera.



1.- Lamentablemente en todos los casos de agresiones han sido los trabajadores de la prensa que han sufrido atentados a su integridad y sus vidas, son ellos los que vienen trabajando con miedo y desprotegidos. Ellos reciben las instructivas de los jefes y una vez en las oficinas, se define la información y el enfoque que debe ser publicada. Es acá donde se producen algunas deficiencias informativas, en cuanto al uso del lenguaje y de las acusaciones. A veces se juzga, se saca conclusiones y se sentencia a las personas o los grupos en conflicto. Esto provoca en los afectados la reacción ya mencionada. Con total naturalidad y sin moral alguna, en estos tiempos de intensidad política y de tensión social, nos damos la responsabilidad de hablar en nombre del otro, de los otros, de los más lejanos y desconocidos. Sin sonrojarnos la mejilla sin que la garganta se aprisione arengamos palabras, usamos una serie de palabras, las cuales son un arma terrible, para informar, conocernos, convocarnos, autoconvocarnos. Para trascender. Para convencer y autoconvencernos. Para insultar y ensalzar. Las palabras hablan, engrandecen, matan, construyen, destruyen, comunican, comparten, nombran, odian, aman. En este caso de tierras, el fácil expediente de decir “loteadores fueron desalojados por la policía” no es correcto, se debe afirmar supuestos loteadores. Además de emitir conclusiones de propiedad de los terrenos en litigio, lo cual es atribución de la justicia, no del periodismo. El periodista no es juez, ni fiscal, ni policía, ni vocero político. De ahí la amenaza de esta gente para golpear y destruir cámaras de algunas redes de Tv.



2.- Los sectores sociales que permanentemente viven en conflictos, en algunos casos para conseguir alguna reivindicación social, salarial, política, en otros para defender espacios territoriales, ocupados por la fuerza o por otros medios, no tienen derecho de disponer de vidas y de voluntades, señalando que tal periodista de tal medio de prensa no tiene pisada en sus dominios, y que por tanto es declarado enemigo, además que se atenga a las consecuencias. Ellos tienen los canales adecuados para exigir sus derechos y reclamos si es que se sienten agraviados o manipulados por alguna información que se difunda. El Art. 106 de la Constitución instituye el derecho a la réplica y rectificación, mandato constitucional que todo medio de comunicación debe cumplir y hacer cumplir.



3.- Las estructuras jerárquicas de los medios de comunicación y los mismos periodistas tienen importantes retos, cuyo origen son las bases sociales, el pueblo, el cual es el destinatario final de la labor informativa, no es el poder, ni las autoridades nacionales, departamentales y municipales, a las que se debe rendir pleitesía o quedar bien con todos ellos. La relación entre el poder y la prensa siempre debe ser conflictivo, tenso, nunca se puede estar bien con los poderes, porque la prensa es la piedra en el zapato. Y cuando esos reclamos nacen de vastos sectores sociales es que algo está pasando en el ejercicio del periodismo, y ese algo debe provocar reacciones sinceras de análisis, reflexión y críticas de lo que se está haciendo todos los días con la información. Las presiones de Evo Morales, las burlas y la ira de Percy Fernández, las amenazas de los movimientos sociales, la creciente voz de regulación a los medios informativos, las condiciones laborales pésimas y otras acciones contra los trabajadores de la prensa, son señales peligrosas para esta democracia, que tiene uno de sus pilares en la libertad de expresión.



4.- Simón Bolívar decía que la “prensa debe ser la artillería del pensamiento”, la que genere y provoque olas de debates, de certidumbre, de luces, de puentes, la que construye más democracia y ciudadanos más demócratas; pero no la que confronte, la que hace show con la desgracia ajena, la que escandaliza con los chismes, con los puteríos del pueblo, la que defienda intereses de grupos o la que se alía con algún proyecto político en particular, y hace campaña electoral por sus candidatos preferidos.



“Las palabras pueden pronunciar la melancolía con el sonido del violín pero también la guerra con la potencia de los tambores. Las palabras engatusan y repelen, edulcoran y amargan, perfuman y apestan. Más vale que conozcamos su fuerza”, precisa el periodista español Alex Grijelmo.



Hay que conocer la fuerza de las palabras, es uno de los retos que hoy nos debemos plantear los periodistas, que seguramente saben, conocen e intuyen lo que eso significa, por lo que importa ahora bajar el tono de los discursos, que están alimentados por las palabras, pero que éstas se apropien de la paz, de la democracia, del respeto a las demandas regionales, del diálogo, de los derechos, de la tolerancia y la unidad nacional. En esto los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad, y no ser utilizado como instrumento político ni por el gobierno del MAS, ni por las oposiciones, ni por los empresarios de la comunicación, que buscan otros intereses, no precisamente el buen periodismo. Hoy se impone la premisa de hacer un mejor periodismo para una mejor sociedad.



Es tal la fuerza de las palabras que se dicen, que éstas nos pueden conducir a derroteros de incertidumbre y de caos. El austriaco Kart Kraus, que combatió al nazismo, nos da el golpe mortal: “Es en sus palabras y no en sus actos donde yo he descubierto el espectro de la época”.

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